Las transformaciones en México.
Las grandes transformaciones en México, que la mayoría de los historiadores identifican, son tres: La independencia de España, las Leyes de Reforma y La Revolución. Hay quienes insisten en incluir en esta pequeña lista, la conquista de Tenochtitlan por los españoles, empero, estamos hablando del país como lo conocemos hasta ahora, con su nombre, territorio, forma de gobierno e independencia; antes de la llegada de los peninsulares, el territorio estaba dividido entre varias civilizaciones, que si bien muchas estaban bajo el dominio mexica, muchas otras no, considerándose estas últimas como independientes con sus territorios y formas de gobierno propios; una vez consumada la conquista el territorio se unifica, convirtiéndose en la Nueva España, México, como tal, no existía.
Volviendo al tema que me ocupa en esta ocasión, esta terna de acontecimientos, que transformaron el rostro de nuestra nación (haya sido para bien o para mal, en este momento no es punto de discusión), y que pese a que son muy diferentes en sus causas y efectos, tiene un punto en común, además del cambio que significaron. Ese aspecto que comparten, lo hablaremos al final de la presente reflexión.
Las naciones, como producto de los convenios sociales, son la amalgama de un sin fin de acontecimientos, afrentas, sigmas, coyunturas, héroes, villanos, encuentro y desencuentros. Lo interesante es que estos movimientos sociales nunca cesan, nunca terminan... nunca se podrá decir que una nación no tendrá más cambio alguno, pues los intereses de la sociedad que la compone están en constante transformación.
A su vez, la sociedad no es un compuesto homogéneo de ideas, principios, etc., su estructura y funcionamiento son complejos, pues está compuesta por diferentes grupos, con sus propios ideales, metas, intereses, prioridades. Grupos que deben aprender a coexistir de manera cordial y en un marco de respeto y tolerancia, lo que no significa que la lucha por conseguir sus muy particulares satisfactores desaparezca.
Es en esta lucha de intereses que se dan las grandes transformaciones, que marcan y definen el rumbo que un país sigue. Muchas de la veces estos conflictos no se logran por la vía pacífica, sino que demandan, por su naturaleza y complejidad, el derramamiento de sangre; otras, en cambio, se quedan en el terreno de las ideas.
En las tres grandes transformaciones de nuestro país, las motivaciones que las hicieron posible fueron muy distintas. En la primera, La Guerra de Independencia, fue la idea de separarse de la corona española e instaurar un gobierno independiente, propio; la segunda, Las Leyes de Reforma, se buscó, mediante la reforma de la constitución, organizar al país en una república, federativa y representativa, otorgando diferentes derechos y libertades a los mexicanos, y delimita al poder eclesiástico a regir solo en lo concerniente a la fe, además de otras medidas al respecto, detonando con todo ello la guerra de reforma y a la postre la invasión francesa; la tercer y última transformación, La Revolución Mexicana, que de inicio buscó deponer al entonces presidente y dictador Porfirio Díaz Mori, y que devino en una guerra civil, donde diferentes facciones de mexicanos buscaba que se tomaran en cuenta sus necesidades y demandas, para la reconstrucción del país, sobre todo los grupos más lastimados durante el Porfiriato.
En fin, en todas ellas hubo causas y consecuencias, mujeres y hombres que dieron todo por lograr sus ideales. Lo que no hubo, lo digo a título personal, fue una autoproclamación de quienes las hicieron posibles, de que estas serían las Primer, Segunda y Tercera Transfromación del país. Fue con base en los resultados de cada uno de estos movimientos, que la historia los juzgó y los puso como las grandes transformaciones de México.
Quienes quieran transformar nuestra nación, que trabajen, que desarrollen, que se entreguen... la historia los recordará en sus anales como grandes transformadores o como grandes destructores de México.
En las tres grandes transformaciones de nuestro país, las motivaciones que las hicieron posible fueron muy distintas. En la primera, La Guerra de Independencia, fue la idea de separarse de la corona española e instaurar un gobierno independiente, propio; la segunda, Las Leyes de Reforma, se buscó, mediante la reforma de la constitución, organizar al país en una república, federativa y representativa, otorgando diferentes derechos y libertades a los mexicanos, y delimita al poder eclesiástico a regir solo en lo concerniente a la fe, además de otras medidas al respecto, detonando con todo ello la guerra de reforma y a la postre la invasión francesa; la tercer y última transformación, La Revolución Mexicana, que de inicio buscó deponer al entonces presidente y dictador Porfirio Díaz Mori, y que devino en una guerra civil, donde diferentes facciones de mexicanos buscaba que se tomaran en cuenta sus necesidades y demandas, para la reconstrucción del país, sobre todo los grupos más lastimados durante el Porfiriato.
En fin, en todas ellas hubo causas y consecuencias, mujeres y hombres que dieron todo por lograr sus ideales. Lo que no hubo, lo digo a título personal, fue una autoproclamación de quienes las hicieron posibles, de que estas serían las Primer, Segunda y Tercera Transfromación del país. Fue con base en los resultados de cada uno de estos movimientos, que la historia los juzgó y los puso como las grandes transformaciones de México.
Quienes quieran transformar nuestra nación, que trabajen, que desarrollen, que se entreguen... la historia los recordará en sus anales como grandes transformadores o como grandes destructores de México.
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